La paradoja de la limpieza moderna
Contrariamente a la creencia popular, ducharse a diario es un hábito relativamente reciente. Durante mucho tiempo, la higiene se practicaba de forma diferente: más breve, más localizada y con muy pocos productos. Hoy en día, estar demasiado limpio puede convertirse en un enemigo del bienestar de la piel, especialmente después de los 65 años.
Lavarse con demasiada frecuencia también altera el equilibrio natural de la piel, en particular la microbiota cutánea, compuesta por microorganismos beneficiosos. Cuando esta microbiota se debilita, la piel se vuelve más reactiva, más seca y pierde elasticidad.
¿Cuál es la frecuencia correcta después de los 65 años?

Entre duchas, un lavado específico es todo lo que necesitas para mantenerte fresca. Se trata de un "lavado suave": una toallita limpia y húmeda, agua tibia y un limpiador muy suave, aplicado solo en zonas clave como las axilas, los pies y la zona íntima. Este método respeta el equilibrio natural de la piel a la vez que garantiza una higiene impecable.
Menos duchas, pero también más seguridad
Reducir la frecuencia de las duchas también ayuda a limitar ciertos riesgos cotidianos. El baño es uno de los lugares donde las caídas son más comunes: suelos resbaladizos, vapor, fatiga o pérdida del equilibrio. Por lo tanto, espaciar las duchas puede contribuir a una mayor seguridad y tranquilidad en casa.
Otro punto que a menudo se pasa por alto: el agua muy caliente puede causar fatiga o mareos. Las duchas cortas a temperatura tibia suelen ser mejor toleradas por el cuerpo.
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