Hay momentos en la vida en que la historia de una persona toma un rumbo inesperado. Para Ivy, ese momento llegó justo cuando su prometedora carrera artística comenzaba a llamar la atención.
Tras años de silencio, los padres que una vez se habían alejado de su vida reaparecieron repentinamente, sonriendo como si el tiempo no hubiera pasado. Pero Ivy había pasado años aprendiendo a mantenerse firme, gracias a la única persona que nunca le dio la espalda. Y ahora estaba lista para decidir por sí misma qué significaba realmente la familia.
Cuando Ivy mira hacia atrás, suele decir que sus padres no desaparecieron de golpe. No hicieron maletas ni dieron portazos. En cambio, se desvanecieron de la responsabilidad, fin de semana perdido a fin de semana, discutiendo sobre a quién le tocaba recogerla. Solo tenía diez años cuando comprendió la verdad.
No tenían dificultades. No estaban abrumados. Simplemente se habían mudado a nuevos hogares y nuevas vidas donde ella ya no parecía encajar.
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