²
Resopló. “Entonces más vale que no nos pillen haciendo nada ilegal”.
Nos matriculamos en la universidad comunitaria.
Encontramos un pequeño apartamento encima de una lavandería que siempre olía a jabón caliente y pelusa quemada.
Las escaleras eran un asco, pero el alquiler era bajo y el casero no hizo preguntas.
Lo cogimos.
Nos matriculamos en la universidad comunitaria, compartimos una computadora portátil usada y aceptamos cualquier trabajo que nos pagara en efectivo o por depósito directo.
Él daba soporte informático a distancia y tutorías; yo trabajaba en una cafetería y reponía estanterías por las noches.
Seguía siendo el primer lugar que sentíamos como nuestro.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.