Posiblemente con la llegada de la adolescencia y los amigos en la escuela, lo más probable era que Sader se hubiera sentido avergonzado de su padre.
Sin embargo siempre fue todo lo contrario y su más grande orgullo era saber que tenía un ejemplar papá que siempre lo esperaba en casa con los brazos abiertos.
De hecho, Sader aseguró que durante toda su vida su padre lo crió como cualquier otro niño “normal” y se esforzó siempre por darle lo mejor.
Jad trabajaba en un molino de trigo, y ahorraba su salario para el futuro de su hijo, ya que su más grande aspiración era verlo convertido en un gran médico y profesional.
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