Enjuague las raíces suavemente con agua limpia para eliminar los residuos.
Prepare una solución desinfectante mezclando una cucharadita de bicarbonato de sodio con dos litros de agua en un frasco.
Sumerja las raíces de la orquídea en esta solución durante 10 minutos.
El bicarbonato de sodio tiene propiedades antibacterianas naturales que ayudan a eliminar patógenos dañinos y a prevenir la pudrición. Después de remojarla, retire la orquídea y déjela secar al aire durante unos minutos antes de volver a plantarla.
Paso 3: Trasplantar la orquídea con musgo seco.
Para una recuperación exitosa, las orquídeas necesitan un sustrato bien aireado y que retenga la humedad. El musgo seco y esterilizado es una excelente opción, ya que absorbe el exceso de humedad a la vez que proporciona la hidratación adecuada para el desarrollo radicular.
Tome un puñado de musgo seco y esterilizado y colóquelo en una maceta nueva y limpia.
Coloque la orquídea de manera que las raíces sanas restantes estén en contacto con el musgo.
Presione suavemente el musgo alrededor de la base de la orquídea para asegurarlo.
Evite comprimirlo demasiado, ya que las orquídeas necesitan ventilación alrededor de sus raíces.
Paso 4: Creación de un entorno de recuperación
Para estimular el crecimiento de nuevas raíces y evitar más estrés:
Coloque la orquídea en maceta en un lugar fresco y sombreado con buena circulación de aire.
Evite la luz solar directa, ya que puede deshidratarla.
No riegue la orquídea durante la primera semana después del trasplante para permitir que las raíces cortadas sanen y evitar que se pudran.
Paso 5: Reanudar el riego
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.